Querida amiga

Lo reconozco, a veces me da por quejarme, por echar hacia fuera todo lo que me queda dentro, eso que intento tanto hacer desaparecer. Me irrito por eso y por aquello y luego me culpo. Si, es verdad, a veces me da por saltar y no de alegría si no de aburrimiento y me pregunto porqué me tengo que aburrir. Me cuestiono hasta el por qué tuve que levantarme y no pude quedarme durmiendo, cuando lo necesitaba. Pregunto, busco y cuestiono todo aquel que quiera perderse conmigo en las conversaciones sin fin del ego. Eso me alimenta, sin saberlo, sigo construyendo esa parte de mi que quiero que desaparezca.

Lo acepto, a veces me da por volverme extremadamente útil por miedo a no serlo, por miedo a quedar sin hacer nada. Supongo que un pánico inconscientemente a posta se esconde detrás de cada intención de sabotear mis momentos de presencia. Y no es que me enfade, por que no te lo ponen tan fácil, si no que se me paso por alto, y pienso que tal vez sea así la vida. Y si, lo admito, me equivoco, y me equivoco tanto que al final acabo por aburrirme de mis errores y cambio la manera de hacer, para ver si tengo suerte y me sale una solución repentina. Y ahí está el secreto. Ahí ocurre el milagro y veo.

Y no sólo veo, si no que siento aquello que anhelo desde hace mucho tiempo, aunque sea efímero, aunque se quede algunos minutos, pero lo veo. Y lo intento mantener, lo intento saborear para sacarle el máximo partido pero se me va en cuanto intento moldearlo. Se me va porque no quiere moldearse. Se me va por que no quiere que lo toque, quiere que lo deje como está. La presencia es así de caprichosa y me quita la mano cada vez que intento acariciarla. No quiere mis elogios, no quiere mis cuentos para dormir. Sólo quiere que la mire, que la vea, que consiga verla incluso aún sabiendo que se rodea de filtros de todos los colores y formas de las que nunca podríamos imaginar. Y entonces le pido que me escuche, que quiero tenerla, que quiero sostenerla entre mis brazos unos minutos más. Pero se diluye entre mis dedos y vuelve a desaparecer entre mis pensamientos ya que yo les doy el poder de aparición.

Pero seguiré queriendo que venga a verme. Seguiré añorando esos momentos y eso me dará fuerzas para continuar pidiéndole que se quede conmigo. Aún sabiendo que lo único que quiere es ser, seguiré queriéndola acariciar, pero cada vez más sutilmente, más como a ella le gusta. Y sé que algún dia bailaré con ella, no sólo instantes sino momentos, sino tardes de aburrimiento donde todo lo demás ya no importa, por que está ella. Todo lo demás ya no importará porque será ella. Todo lo demás ya no tendrá importancia porque seré uno con ella y me daré cuenta, que todo este tiempo he estado intentando acariciar esa parte de mi desdichada. Que he estado intentando esperar aquello que siempre estaba ahí. Que he estado intentando escuchar la me-a-mí. 

Hasta entonces, querida amiga, tomémonos una copa de vino y festejemos que quiera sentirte, por que ya habré hecho más de la mitad del camino. Y eso, es como mínimo, para celebrarlo.

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