Te diría

el

“Al entrar en la nueva madriguera me olvidé de quien era. Tal vez la falta de aroma conocido o tus ojos inquietos murmurando la falta de “nosotros” en este nuevo hogar. ”

Me perdí y me sentí desconocida de mi vida, pero sólo por unos segundos, hasta que respiré, y pude sentirte.

***

A veces, lo mejor que te puede pasar es volver a casa y poder llorar tranquila. Prejuicios y preocupaciones incesantes que te impiden expresar. Miedo a verlos de frente. Miedo a que retumben dentro de ti y tengas que aceptar que te duele más de lo que imaginabas. Miedo a verlos, a los ojos encharcados de sufrimiento.

Era un como si, pero nada pasaba. Es un me duele y no se por qué y tampoco quiero saberlo. Me hicieron perderte, dejé que te fueras. Inconsciencia, inocencia e ignorancia de mi propia valía, obligada a complacer tus faltas, sin ningún tipo de valor humano, sin ningún tipo de humanidad. Egoísmo en estado puro, que yo así me quedo.

Sale cuando ignoro, aparece cuando más quiero quererme, quererte. Se vislumbra a través de los continuados esfuerzos por ser merecedora y acaba por destrozarme el muro, a palazos.

Desconocía tu presencia hasta hace un par de primaveras, pero aun más desconocía tu poder sobre mí hasta hace un par de días. Y qué jodido es eso. ¿Limpieza? Más bien dictadura, a mi no me preguntaron si yo quería eso, de esa manera.

Me jodiste la ceremonia y esto no va a quedar así.

[…]

A mi no me doléis por castigo, sino por aprendizaje. Y al ser consciente de ello, siempre tendré, aunque sea la mínima esperanza de poder vencer. Con tan sólo una vela. Acuérdate.

No podrás conmigo. No lo haréis.

[…]

Quizá el dolor más fuerte no es aquel que dura en el tiempo, sino aquel que nunca se va, y no sabes cuando viene.

“Parálisis en mis centros principales de recuperación del aliento, con consecuente misión fallida de rellenar los depósitos y angustia aparente. Pánico latente y mis manos balbucean las sonrisas perdidas a causa de ese invasor de mi cuerpo. Me hierven los ojos y desconozco el motivo, me esfuerzo por cerrarlos y no tener que ponerme de rodillas. Pero no puedo. No soy capaz. Una vez más me agarro a la primera pared y busco mi cueva más cerca, donde pueda sorprenderme sin necesidad de dar explicaciones. No te dejes, no les dejes. Qué pasa. Qué me está pasando. Ahora no.”

Bum.

***
Casi lo conseguí.

Pero los casis nunca ganan.

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