La chica de la cúpula

Pasaba todos los días por allí, a veces estaba sentada intentando entender lo que su mente mostraba. A veces simplemente, intentaba escuchar. Me acercaba cada vez, juntando mi oreja con sus palabras para ver si podía llegar a comprender aquello que su corazón susurraba, pero siempre había ruido. El jardinero que cuidaba las plantas que rodeaban la cúpula, solía aparecer, justificando su intención de cuidar sus creaciones, cuando aquella chica, intentaba escuchar.

Algunas veces, veía a la chica pasearse rozando su mano por los pomos de las puertas que la rodeaban. Quizá, esperaba abrir alguna de ellas y poder descubrir que había detrás.

Un día me percaté de que no me veía, que todas las tardes que me sentaba en el banco lleno de polvo cercano a dónde estaba ella, no me veía. Ese día intente hacerle algunas muecas, llamar la atención para que pudiera verme y al menos, preguntarle porqué seguía allí. Pero no sólo eran opacas unilaterales las paredes de su cúpula, sino que además, no permitían el paso ligero de los sonidos desde dentro, hacia fuera, pero si, de fuera hacia dentro. Así que decidí hablarle.

Pura casualidad la que me topetaba cada vez que intentaba hablarle, y el jardinero encendia su máquina de cortar césped. Lo intenté durante 23 días.

Me convencí que tal vez ella quería estar ahí, y continué observándola todos los días de mi primavera rozar los pomos de las puertas que la rodeaban. Blancas como esferas, finas como el tapiz que cubría sus huellas.

Una cúpula, una chica y muchas puertas.

[…]

Abrí una puerta e interrumpiendo su intimidad, entré a conocerla. Perdida e incomprendida la encontré. ¿Por qué no sales si puedes abrir las puertas?

– Por que me han dicho que necesito una llave que tengo que encontrar al otro lado de las puertas para poder abrir la puerta y salir. Entonces tengo que pensar y reflexionar dónde podrían haber escondido ésa llave que tanto me han dicho que necesito, para que yo algún día pueda encontrarla y poder salir de ésta burbuja y ser feliz, como me han dicho. Por que sin la llave no puedo salir, porque dicen que todo el mundo que sale abre las puertas con la llave, así lo dicen, y así me lo creo, y ya esta, no me hagas perder más tiempo, tengo que seguir pensando dónde podría estar la llave o nunca llegaré a ser feliz.

– Vale, te espero fuera, por si algún día se te ocurre cuestionarte lo que te dijeron y abrir verdades, cerrar prejuicios, romper dichos, desgarrar normas, desbordar límites y cagarte en todo lo sembrao para poder vivir conforme a ti. Si te atreves, no te olvides de coger mi mano, y caminaremos juntas, y tranquila, que éso corre a mi cuenta. 

 

 

 

 

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