Cubramos los agujeros

Es como si el hogar se fuera de casa. Se secan las ramas del árbol que juntos construimos y van rompiéndose cada vez más, con cada palabra no dicha, y con cada gesto oculto detrás de tu mirada huidiza. Corres para tener que tropezar, y poder tener una razón más estúpida que explique tu insensatez. Es como que te has llevado tu cepillo de dientes y ya no es nada divertido tener que bajar tantos escalones. Es como que yo otra vez, y tú una vez más.

Es como que hace más frío, es como que te has quedado toda la manta esta noche, sin ni siquiera avisarme de que te ibas, no de la cama, sino de mi lado. Barreras y barreras de cielo entero que han bajado a grandes pasos para separar lo que era nuestro, lo que es nuestro, pero que tanto cuesta de ver, a veces, cuando quema. Es como que se vuelven a desmontar las ramitas que vamos recogiendo, para hacer la hoguera, la que nos calientará cuando más frío haga, como hoy, como ahora, que te llevaste la manta.

Y te puedes creer la más lista, pero al corazón no le engañas. Te puedes créer la más fuerte, pero las armaduras no mienten, no mienten ni siquiera con su material. Ninguna armadura es signo de fortaleza, no es la armadura, eres tú.

Me he comido otra vez el caramelo, ese que endulza tanto y perjudica otro tanto más. El caramelo colorido, brillante y atrayente. El caramelo que todos quieren tener, que todos quieren saborear y que pocos se resisten. El caramelo que parte corazones, rompe distancias, revive relaciones o las destruye por completo. Me lo he vuelto a comer, por que quise. Pero me lo he vuelto a comer, y una vez más, se me ha vuelto a romper. Tanto, tanto tanto tanto lo he deseado, que se me ha vuelto a romper.

[…]

Cubramos los agujeros, curemos las heridas, revivamos el fuego. Peguemos las ramas, recojamos las hojas, plantemos más.

 

Levántate.

 

[…]

El por qué no te dará la razón ni la clave para poder seguir adelante. La causa sí, el para qué. No busques, acepta y continua. Agradece, analiza y toma consciencia. Pronto ese ardor desaparecerá, y llorando te jurarás que no volverás a comerte el caramelo.

Pero házme un favor, nada más termines de secarte y esconderte la última lágrima, coge otro caramelo, y prométete que no será el último, y que nunca dejarás de intentarlo, por mucho que queme cuando se rompe.

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