La luna caprichosa

A veces la luna es caprichosa y nos cuesta dormir, obligándonos a prestar más atención a la información que transita por nuesto cuerpo. A veces incluso es tan caprichosa que consigue su objetivo evitando cualquier control mental que decidamos establecer sobre nuestro deseo de pasar la noche sin pensar como nos gustaría. A veces incluso nos hace llorar. Y menos mal que está ella para hacerlo, ya que las lágrimas sin sentido están infravaloradas, y són las más significativas a la hora de hacer un cambio.

Nos nos damos cuenta, y qué fácil seria si lo hiciéramos, pero se nos pasan las horas como moscas fastidiosas que nos molestan. Nos molestan las horas, nos pica el tiempo. Y además nos creemos con el derecho irrevocable de poder quejarnos ante él y culparlo de nuestras irresponsabilidades. Irresponsabilidades creadas por nuestras erróneas creencias de que el dolor está causado desde fuera. Y nos equivocamos, nos equivocamos profundamente.

Claro que duele cuando gritas y me recuerdas como me siento, pero soy yo la que me siento, no tú la que me haces sentir. Claro que es duro cuando te señalan y te provocan ira y te enfadas y vomitas energía tóxica no sólo al espejo que te lo mostró, sino a la sociedad que te acoge. No es el espejo el que te irrita, él sólo hace su función y te muestra lo que eres, no te engañes, no son ellos, eres tú.

[…]

Y es que el disparo del comienzo lo dan tus sentidos cuando empiezan a cerrarse y a mostrar que algo va mal. Mi defensa, educada por habitud, grita y sale mostrándote que ya no. Pero ataco, sin querer, por tu acción mi reacción y entonces me doy cuenta de que repito tu error. Y me culpo, y me bajo allí, donde la falsa protección me asegura mi vulnerabilidad. Tú, sin embargo, no cedes, y continuas y me lo pones más difícil. Yo, sin embargo, trago, con la boca cerrada y queriendo superar. Y entonces tú continuas. Y yo me pierdo. Y me voy. Y ya no estoy más aquí, me fui donde me doliste, cuando lo hiciste, demostrándo que mi cerebro no diferencia el tiempo sinó que analiza situaciones y revive momentos. Cierre automático de entradas de informácion, alerta corporal general escondiendo cualquier pieza posible de ser dañada y hachas en mano, no vaya ser que te nos vuelvas a meter, y tengamos que volver a empezar. Calor, burbujitas de rabia que van inundando pecho y cuello hasta enrojecer tu corazón y dañar tu saliba. Sequía temporal declarada en tu garganda y acceso prohibido al de más adentro.

Y de repente tú.

[…]

Que bien que me hayan escuchado y hayas venido. Que bien que me toques y me cubras, que me arropes con tus ojos y me calmes con tus sentidos. Que bien que yo contigo, sea yo, y que tú me recuerdes, que cada vez que pierda el control le estoy dando el mando a distancia a extraños de mi corazón y que ellos, sólo harán que cambiarme de canal para no dejarme ver la serie de mi vida.

Gracias por ser yo, cuando yo lo soy tanto que se me olvida.

Fotografía: Photo by Dennis Stock USA. California. 1968

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